El arte tiene efectos terapéuticos
comprobados. Los niños con trastornos de conducta o de aprendizaje encuentran
un espacio para expresarse e integrarse.
El arte como terapia es una práctica poco difundida, pero los
especialistas aseguran que su uso facilita la expresión de sentimientos y
afectos, incentiva la creatividad, la atención, el aprendizaje de normas.
Además, fomenta el respeto, la solidaridad y la seguridad en niños con
hiperactividad, déficit de atención, discapacidades, trastornos emocionales o
patologías somáticas. Los terapeutas explican que hay un abanico de posibilidades que incluyen la música, la danza, el teatro y el dibujo. En todas, entran en juego el cuerpo, la imaginación, la creación y el proceso terapéutico. “Cualquier niño se verá beneficiado con este tipo de intervención tanto a nivel psicoeducativo como también psicoterapéutico para aquellos que presentan algún tipo de dificultad”; explica Lidia Andrés, psiquiatra infanto-juvenil. Por este medio, indica, el niño puede controlar impulsos, ansiedades y temores.
“Facilitar la expresión del mundo interno del niño favorece su
autoconocimiento, desarrolla su autoestima, mejora su comunicación e
interacción con pares y adultos, y desarrolla su creatividad”, agrega.
Para Analía Uribe, psicoterapeuta en Danza Movimiento, el objetivo es usar
herramientas que faciliten la expresión y comunicación de aspectos internos del
individuo, cuya puesta en palabras resulta dificultosa por diversas causas,
apelando a medios creativos y artísticos.
Según la Asociación Americana de Arte Terapia, hacer arte mejora el
bienestar físico, mental y emocional de las personas de toda edad. Ayuda a
resolver conflictos y problemas, a manejar el comportamiento, a reducir el
estrés, a fortalecer la autoestima, a mejorar la timidez y a alcanzar el
conocimiento de uno mismo. Se parte de la idea de que cuerpo y mente son
inseparables y que el movimiento trae cambios psicológicos que promueven la
salud.
Sacar los miedos
“A través de diferentes manifestaciones artísticas, y del teatro en
especial, pude observar cómo expresamos lo que guardamos en nuestro interior.
Nuestros conflictos, miedos, angustias, necesidades, frustraciones, anhelos y
sueños afloran más empáticamente cuando nos dejamos llevar por la obra que
estamos representando”, subraya Luciano Gazzero, artista y acompañante
terapéutico. Los chicos proyectan sus problemas en un títere o en un personaje.
Gazzero, profesor de teatro, cuenta que un niño de 8 años, participante de
un taller, desde un escenario les pidió a sus padres que no le mintieran.
“También recuerdo a María, de 7 años, que no tenía amigos y logró un lugar de
pertenencia, gracias a sus intervenciones humorísticas”.
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